La premisa es un clásico que ya hace que me entre un mal presentimiento en el cuerpo: dos chicas, una rica que está en bancarrota y una pobre que nunca ha tenido nada. Por coincidencias de la vida, terminan trabajando juntas de camareras y empiezan a compartir piso.
Aun así, leí buenas críticas, así que decidí darle una oportunidad. El primer capítulo y sus risas enlatadas cada 30 segundos me horrorizaron, pero los pilotos suelen ser malos, así que decidí ver el siguiente capítulo. Pues el 2º es peor que el primero. No sé si reir porque todavía saquen este tipo de series o llorar porque no se den cuenta de que Las Princesas de Brooklyn es menos original que una copia china.
Max, "la pobre", es bastante graciosa. Es pobre y lo sabe, y no tiene la cabeza llena de pajaritos. Aspira únicamente a sobrevivir con sus sueldos.
Caroline, hija de ricachones que jugaron con el dinero de otros ricos y se fueron (y mandaron con ellos a otros tantos ricos) a la porra, es como un grano en el culo. Hay una diferencia entre no estar acostumbrada al mundo de Max y tener un retraso mental. A Caroline le pasa lo segundo. Al menos tiene un par de líneas buenas por episodio, pero no son ninguna maravilla y la mayoría del tiempo me saca de mis casillas.
Y después está el resto de personajes, que si Caroline ya parece demasiado exagerado el resto no llega ni a caricatura. Han Lee, el jefe que aparece 10 segundos por capítulo para decir alguna chorrada sobre que el es el jefe y es asiático. Oleg, el cocinero ruso, cuyas aportaciones a la serie se basan en un par de chistes cutres sobre como se follaría a Max. Earl, el cajero que hace otro par de chistes diciendo que Max y él están enamorados. Earl al menos ha tenido alguna frase bueno, lo cual en esta serie es digno de admiración. Robbie, el novio de Max. Su función consiste en enseñar abdominales, porque mentalmente tiene la edad de un bebé, como Caroline. Peach, la rica, también con problemas en la cabeza. Tiene 2 bebés, Brad y Angelina, y viene a ser una Paris Hilton con menos sesos. Creo que no ha dicho nada interesante nunca.
Por esto mismo se puede deducir que la gracia de la serie se basa en la exageración. Exageran todo hasta límites imposibles para hacer que las situaciones sean rocambolescas, pero precisamente por eso quedan tan, tan, TAN irreales y absurdas que, al menos conmigo, solo consiguen que levante una ceja y me pregunte quién ha escrito esos guiones. Por si fuera poco, quieren meter un gag cada 30 segundos, como si quisiesen que la audiencia estuviese en una risa constante, sin parar. Pero eso es imposible, y lo único que pasa es que hay muuuchos chistes y todos más malos que la droga. Lo que hace que levante la ceja aún más. Y si le añades las risas enlatadas, esto parece una versión mala de El Príncipe de Bel Air.
Puede que vea un capítulo más, porque creo que la serie tiene potencial, pero parece que sus creadores o tienen 12 años o la escriben mientras visitan al Sr. Roca, porque los chistes cutres sobre sexo, lo absurdo de todo y esa atmósfera de los años 90 (en el mal sentido) hacen que me quiera cortar las venas.
Una cosa sí que les voy a conceder, y es que al menos solo dura 20 minutos por episodio. Gracias a Dios.